
Existe un proceso legalmente idéntico cuando se trata del cierre de una compañía familiar y de una unidad de negocio tradicional, sin embargo, los lazos emocionales de las primeras son suficientes para que el proceso sea más dificultoso. La pérdida de las confianzas es una de las primeras consecuencias.
No son pocas las empresas que han vivido uno de los golpes más duros de la crisis: la quiebra. Y es que cuando se intentó todo por evitar ese camino, pero no logró revertirse la situación, llega un punto en que finalmente bajar la cortina es inevitable. Un impacto profundo en el corazón de las economías, y el trabajo de años e incluso generaciones, rezagado a la declaración oficial de cierre. De hecho, en lo que va de 2009, ya se han registrado 73 quiebras de empresas, según los registros del Diario Oficial al 11 de mayo. Siendo varias de ellas emblemáticas, como la cadena de telas Inaudito.Ya sea como consecuencia de las magras cifras producto de la crisis y consecuente frenazo del consumo, o bien, por problemas de gestión o una competencia agresiva, la quiebra resulta aún más compleja en el caso de las empresas familiares, pues hay lazos emocionales más profundos, generando pérdidas de confianza y rupturas afectivas.Para Felipe Rossé, abogado de la firma AlbagliZaliasnik, la quiebra de este tipo de unidad de negocio es distinta a la de una compañía tradicional, pues “hay factores de carácter afectivo que están relacionados, a pesar que en términos legales (el proceso de quiebra) es idéntico, con el problema que generalmente hay cuentas por cobrar entre los miembros de la familia que generan algún grado de dificultad respecto de terceros acreedores y conflictos familiares, además que muchas veces se rompen las confianzas en una quiebra de empresa familiar”.
“Regularmente hay un grado de emotividad (en las empresas familiares), de querer mantener a flote como sea este legado que se recibe de las generaciones anteriores, en ese sentido, muchas veces se toman acciones que pueden ser un poco arriesgadas desde el punto de vista jurídico, como algún tipo de manejo de activos off shore o administración de caja”, dice Felipe Rossé.
RETRASAR EL PROCESO
Cifras de la consultora PricewaterhouseCoopers (PWC) revelan que cerca de la mitad de estas empresas en el mundo fracasan al cambiar de generación, ya que no tienen un plan de sucesión. Las causas de fracaso de estas firmas son varias, pero el 60% radica en las relaciones familiares no equilibradas en la empresa, el 20% se debe a las demandas financieras, 10% a la falta de un sucesor para que dirija la organización con éxito y 10% a la falta de capital para el crecimiento sin perder el control de la compañía, de acuerdo con datos del Centre de Services aux Entreprises (CSE), de Canadá.Retrasar el proceso de quiebra es “propio de la naturaleza humana sentir afectos por las empresas”, dice Francisco Castillo, de la firma de abogados Castillo&Prieto, “especialmente porque, a menudo, no sólo constituyen el sustento familiar, sino que forman parte de la historia de esta, la cual se ha forjado y desarrollado en torno a una actividad, industria o empresa en que han trabajado varias generaciones, transmitiéndose experiencias y conocimientos”, agrega.
“Es propio de la naturaleza humana sentir afectos por las empresas, especialmente porque éstas, a menudo, no sólo constituyen el sustento familiar, sino que forman parte de la historia (del clan)”, afirma Francisco Castillo.
“En general en una empresa familiar se tiende a dilatar más el proceso de quiebra, más allá de lo razonable, por tanto se toman todas las medidas necesarias para tratar de salvar el emprendimiento de un padre o de un abuelo. Eso genera que la pérdida económica muchas veces sea mayor a la que podría darse en una toma de decisión de solicitud de quiebra de una empresa regular, por cuanto un directorio más alejado de lo que es el negocio y la historia familiar, puede adoptar una decisión más fría respecto a la decisión voluntaria de quiebra”, dice Felipe Rossé.Además, continúa el abogado de AlbagliZaliasnik, regularmente hay un grado de emotividad, de continuidad, de querer mantener a flote como sea este legado que se recibe de las generaciones anteriores, en ese sentido, muchas veces se toman acciones que pueden ser un poco arriesgadas desde el punto de vista jurídico, como algún tipo de manejo de activos off shore, administración de caja, en general acciones que no son tan racionales, ni tan económicas, vinculadas al interés de querer salvar la historia familiar.Es por ello que la recomendación es a enfrentar el momento de la manera más realista posible, externalizando el servicio para así evitar pérdidas mayores que incluso pueden afectar el patrimonio familiar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario